¡Hola!
Mi nombre es Betzabeth W. Pagán Sotomayor.
Vengo del pueblo montañoso de Jayuya, Puerto Rico, donde el aire lleva historias y la tierra te enseña a mirar con el corazón. Hoy resido en Dallas, Texas, llevando conmigo la calidez y la poesía de mi isla a cada lugar al que voy.
La fotografía me encontró hace muchos años—suave, casi como un susurro—y cambió la forma en que experimento el mundo. Me abrió los ojos a los detalles silenciosos: la curva de una sonrisa, el brillo de la luz de la tarde, los instantes fugaces que se esconden entre un respiro y el siguiente. Para mí, cada foto es un poema, otra manera de hablar sin palabras, otra forma de preservar lo que el tiempo intenta borrar.
Aún recuerdo el comienzo: el día en que mi papá colocó una pequeña cámara de 3 megapíxeles en mis manos. No fue solo un regalo; fue la primera puerta hacia mi vida artística. Desde niña, la poesía y la fotografía se convirtieron en mis dos lenguajes, mis maneras de traducir la emoción, la belleza y la verdad.
Mi propósito es simple y sincero: capturar recuerdos para todo aquel que los busque.
Recuerdos de maternidad y nueva vida.
Recuerdos de la infancia, la familia y los lazos que atesoramos.
Recuerdos de mascotas queridas, o incluso de uno mismo—
porque cada capítulo, cada rostro y cada historia tienen un valor único.
A través de mi lente, deseo ofrecer a otros lo que la fotografía siempre me ha dado a mí:
una forma de abrazar los momentos que nos definen, los que merecen ser recordados, honrados y guardados cerca del alma.
Hello!
My name is Betzabeth W. Pagán Sotomayor.
I come from the mountains of Jayuya, Puerto Rico, where the air carries stories and the land teaches you to see with your heart. Today, I reside in Dallas, Texas, carrying my island’s warmth and poetry with me wherever I go.
Photography found me many years ago—gently, almost like a whisper—and it changed the way I experienced the world. It opened my eyes to the quiet details: the curve of a smile, the glow of late afternoon light, the fleeting moments that slip between one breath and the next. For me, each photo is a poem, another way to speak without words, another way to preserve what time tries to erase.
I still remember the beginning— the day my father placed a small 3-megapixel camera in my hands. It wasn’t just a gift; it was the first doorway into my artistic life. From childhood onward, poetry and photography became my two languages, my ways of translating emotion, beauty, and truth.
My purpose is simple and heartfelt:
to capture memories for anyone who seeks them.
Memories of maternity and new life.
Memories of childhood, family, and the bonds we cherish.
Memories of beloved pets, or even of oneself—
because every chapter, every face, every story matters.
Through my lens, I hope to give others what photography has always given me: a way to hold on to the moments that make us who we are— the ones that deserve to be remembered, honored, and kept close.